Enrique de Prat Gay, un artista olvidado

Enrique de Prat Gay, Indio Aymara. Cerámica, 40 x 28 x 28 cm. Colección Alfonso de Prat Gay. Fotografía: Gentileza Galería Fausto, Tucumán.



Reunión en el taller del artista en París, 1929. Entre los sentados, a la derecha, Enrique de Prat Gay. Fotografía: Gentileza familia de Prat Gay.



Obras reunidas en el taller de Enrique de Prat Gay. Fotografía: Gentileza familia de Prat Gay.



Enrique de Prat Gay, El chasqui, emplazado dentro de la reserva provincial Los Sosa, ruta provincial 307, Tucumán. Fotografía: Claudio Elias. Gentileza, wikipedia.org



Enrique de Prat Gay, La sombra del pasado. Mármol, 57 x 55 x 35 cm. Museo Provincial de Bellas Artes. Tucumán.



Alejandro Esser


Licenciado en Artes Plásticas por la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán. Profesor Adjunto de Historia del Arte Argentino e Investigador del Instituto de Investigaciones Históricas «Prof. Manuel García Soriano» de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino. Jefe de Patrimonio Artístico del Museo Provincial de Bellas Artes «Timoteo E. Navarro» de Tucumán [2019-2022]. Miembro de Número por la Junta de Estudios Históricos de Tucumán.


Por Alejandro Esser *

Por esas cosas que resultan difíciles de explicar, y que suelen reiterarse con demasiada frecuencia, en el avanzar de los años, Enrique de Prat Gay desapareció de las páginas de la historia artística de nuestra provincia.

 

Aquel escultor que supo gozar de gran consideración en su tiempo se fue diluyendo al punto tal que la atribución de su obra más emblemática, conocida popularmente como el “Monumento al indio”, era confundida. O incluso, se daba un caso opuesto con un Cristo de gesto bendicente ubicado en Tafí del Valle, cuya autoría resultaba indiscutida, no había nacido en sus manos.

 

Frente a tamaños desaciertos, resultaba obvio que la búsqueda de información sobre su vida y obra sería harto compleja. Salvo algunas notas acerca del icónico monumento, los estudiosos apenas se han ocupado de otras producciones suyas o de su biografía. El único texto de rigor académico fue publicado por la doctora Celia Terán en 1999. Hasta entonces, sólo en ocasiones formaba parte de breves listados de artistas activos en Tucumán.

 

El hallazgo de dos de sus obras; primero una pieza clave en 2019, y luego otra muy distinta en 2025, me motivaron para adentrarme en esta incógnita artística.

 

Infancia y familia

 

Enrique Mariano de Prat Gay fue el segundo de seis hermanos. Nació en San Miguel de Tucumán junto a su mellizo, Juan Antonio, el 2 de noviembre de 1898. Sus padres eran Juan Antonio de Prat Gay y Julia Maciel. Él, un inmigrante español que se había radicado en la ciudad hacia finales del siglo XIX; y ella, natural de Tucumán y de profesión costurera.

 

La vida familiar transcurría entre la capital tucumana y Choromoro, una localidad al norte de la provincia, en el departamento de Trancas, donde tenían una casa de veraneo. Allí establecieron un fuerte vínculo con la comunidad, al punto de haber cedido algunos terrenos y ser los donantes de su iglesia.

 

Lamentablemente no fueron muchos los años que duró esta feliz etapa, Doña Julia encontró una muerte temprana al poco tiempo del nacimiento de su última hija. No mucho después, en 1915, falleció su esposo. Los pequeños quedaron bajo la responsabilidad del hijo mayor, Fernando.

 

Inicios en el arte

 

La vocación artística de Enrique surgió desde su juventud, interesándose especialmente por el modelado y el arte escultórico. Para la segunda década del siglo XX, la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Tucumán adquiría un rol protagónico ampliando su plantel docente con artistas de carrera, como lo fue el italiano Juan Bautista Finocchiaro [1], a quien de Prat Gay reconoce como su mentor en este primer periodo formativo.

 

Cabe aquí marcar que, aunque en muchas oportunidades se lo asocie como discípulo de la célebre escultora Lola Mora, esto no sería posible. La falta de documentación que avale esta afirmación y el poco tiempo que pasó la artista en Tucumán en este período prácticamente lo descartan.

 

Decidido a ampliar su formación artística, el joven Enrique se puso como objetivo continuar sus estudios en Europa, particularmente en Italia, el centro del «buen arte». Pero la economía familiar tan estrecha limitaba su horizonte… Ante tamaño obstáculo, inspirado por la estrategia tan exitosa que Lola Mora había aplicado casi dos décadas atrás, se propuso retratar a la élite gobernante para despertar el interés de aquellos que podrían darle la oportunidad de acceder a una beca financiada por la provincia. De este modo, realiza un retrato escultórico del gobernador Bascary [2] y consigue exponer algunas de sus obras en el edificio de la Legislatura provincial, obteniendo el favor político para su viaje.

 

Celia Terán observa que, al momento de su llegada a Roma, de Prat Gay era ya dueño de un considerable conocimiento y oficio en su labor escultórica y hacia 1923 la prensa italiana ya lo ubicaba en el pedestal de artista, haciéndose eco de ello los medios locales en Tucumán.

 

Formación en Roma

 

En Italia encontrará la consagración que buscaba. En lo artístico obtuvo resultados significativos y la buena consideración de sus colegas, y en lo social logró frecuentar con importantes personalidades. Los encargos recibidos dan cuenta de ello. Se mencionan entre otras, un busto del Padre Casimiro Giacomelli, en el Collège de la Sainte Famille du Caire, en la capital egipcia; otro de Giovanni Gentile, el filósofo y político fascista que en ese momento se desempeñaba como ministro de Instrucción Pública del gobierno Mussolini, y también podríamos ubicar aquí un retrato del Sr. Brunel, cónsul argentino en Roma [3] además de una obra titulada “El último beso”. De todas ellas se desconoce su paradero actual.

 

En 1927 Enrique regresó a Tucumán y trajo consigo una obra fundamental dentro de su producción, un mármol titulado «La sombra del pasado». En este retrato que sigue el modelo clásico, de Prat Gay nos presenta a un viejo que se enfrenta a los últimos años de su vida.

 

Abordada con el toque verista de la escultura romana y, como ésta, realizada en mármol, esta cabeza recogió grandes loas tanto en Roma como en nuestra provincia. Aquí se la exhibe en los escaparates de una de las tiendas más conocidas y céntricas de la ciudad, «La Esperanza». La cabeza había sido seleccionada en Roma por el doctor Juan B. Terán, comisionado por el gobierno de la provincia para buscar esculturas que embellecieran el Parque 9 de Julio. Esto convertía a la obra en la única escultura original del paseo y, además, de un artista local. Entusiasmado por tal honor, de Prat Gay decide donarla «como reconocimiento a la ayuda que para la continuación de sus estudios le ha prestado este gobierno» [4]. Sin embargo, la obra nunca llegó a ser emplazada en el paseo, y su rastro se perdió pocos años después.

 

Nuestro artista dejó una gran impresión en su visita y el gobierno provincial decidió encargarle los bustos de Bernardo de Irigoyen [5] y Nicolás Avellaneda con la intención de destinarlos a las escuelas que llevarían sus nombres, aunque este último fue emplazado en el parque homónimo [6]. Por su parte, el gobierno municipal le encargó un busto del ilustre intendente Zenón Santillán [7]. Estos encargos llegaron hacia 1928, y nuevamente los escaparates de «La Esperanza» sirvieron para su exhibición.

 

Un golpe de suerte

 

A mediados de 2019, cuando me desempeñaba como jefe del Patrimonio Artístico del Museo Provincial de Bellas Artes de Tucumán, recibí un llamado desde Casa de Gobierno solicitándome que identificara «una escultura desconocida encontrada recientemente en un depósito». Era «La sombra del pasado», era la obra perdida. La habían hallado en la cúpula sur del palacio de gobierno, evidentemente, un espacio que había funcionado como depósito por años. Tras una serie de trámites administrativos, logré que fuera trasladada al Museo Provincial de Bellas Artes, incorporándola así a su patrimonio. Un posterior examen de la obra reveló junto a la firma del artista y la fecha, la inscripción «MARBLE ARDINI». Lo que ubicaría el origen de la piedra en el taller del maestro Giovanni Ardini. Esta información nos ofrece una pista valiosa sobre la actividad de Prat Gay en Roma, aspecto aún poco conocido en detalle. Hasta aquí podemos afirmar que ésta es la obra más temprana de su producción que se conserva.

 

La búsqueda expresiva en París

 

En su regreso al viejo continente, de Prat Gay se lleva nuevas inquietudes que lo impulsaron a establecerse en París. Se cierra así su etapa romana, caracterizada por su admiración por el arte clásico y por la adhesión a los postulados del arte académico. En la capital francesa compartirá la estadía con su hermano Juan Antonio y se encontrará de lleno con el auge de las vanguardias. Abriéndose paso hacia la concepción de «un arte más comprometido con la materia y con la expresión y menos con la normativa rigurosa de las academias», abriéndose hacia «otra concepción de las formas […] más libre, de líneas sinuosas». [8]

 

En el final de la década vemos que de Prat Gay se había ubicado ya como un destacado artista en el ambiente parisino [9]. La prensa francesa y argentina se hacen eco y laurean generosamente sus antecedentes [10].

 

De ese período se cuenta con información sobre dos obras de relevancia, el retrato de Luis Fernando de Orleans y Borbón, y el de una princesa persa a la que se nombra como Banu-Assan [11]. También se menciona que el artista recibió el encargo de ejecutar un retrato del rey Fuad I de Egipto, pero de esta obra, a diferencia de las otras dos, no hay certeza de su ejecución.

 

Regreso a Tucumán y una nueva propuesta

 

Enrique de Prat Gay regresó a Tucumán en marzo de 1930 con nuevas preocupaciones y con un gran entusiasmo por trabajar, estudiar y seguir explorando en el arte.

 

Se había propuesto «ejecutar obras que reflejen el espíritu de los hombres del Norte». Y explicaba que luego de una destacada trayectoria internacional se consideraba «en el deber de presentar al público europeo obras que reflejen el espíritu, el carácter, el sentimiento y la tradición de nuestro pueblo». Con esta misión, vuelve sus ojos a la civilización incaica a la que consideraba «tan sublime y parecida, en muchos de sus aspectos, a la civilización egipcia». Pretende buscar en ella la inspiración, como lo hacían los artistas del renacimiento en las ruinas de Grecia y Roma [12].

 

Apenas llegado a Tucumán organizó en los salones de la Sociedad Sarmiento dos conferencias, donde se refiere a sus aprendizajes del arte grecolatino en Europa a través del modelado y del dibujo.

 

A finales de 1930 visitó la localidad de El Tabacal, ubicada en el límite de la provincia de Salta con Bolivia. Allí pensaba radicarse para conocer en profundidad y de primera mano «la vida de los hombres y plasmar en el barro sus tipos aborígenes». Aparece entonces de forma clara que el artista habla del uso de un nuevo material para su obra, el barro y la arcilla, propios y tradicionales de las culturas andinas. De esta manera iniciaba también una etapa de exploración respecto a las posibilidades expresivas de la cerámica a la que encuentra espiritualmente más cercana al mundo indígena.

 

Luego pasó a Jujuy, donde continuó produciendo e interiorizándose sobre la cultura incaica, esta vez en estrecho contacto con el pintor José Antonio Terry [13] en Tilcara. En aquel pueblo se encuentra «Cabeza de una coyita» [14], una escultura en yeso que testimonia el interés del artista por los tipos locales y los resultados de su nueva búsqueda estética en un tratamiento más sintético y simplificado de las formas.

 

En sus primeros años de regreso en Argentina conoció a Cruz del Carmen Paz, una mujer que se dedicaba a los retoques fotográficos, con quien tuvo una hija en 1933. Sus descendientes conservan un fantástico álbum de fotografías que perteneció al artista. En él podemos ubicar una extensa serie de trabajos realizados en cerámica registrado por las cámaras en su taller.

 

Además de su interés preferencial por realizar obras vinculadas a la cultura andina, continuó recibiendo encargos oficiales y particulares. Para la primera mitad de la década del ’30 podrían datarse dos representaciones de Miguel Lillo [15] y una de Francisco Narciso Laprida [16]. Al final de la década realizó un importante retrato en bronce de Juan Bautista Alberdi que se encuentra en la biblioteca homónima, y otro de Nicanor Posse para el aeropuerto de Tucumán.

 

Docente y gestor cultural

 

Enrique de Prat Gay integró el equipo docente de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Tucumán, junto a los maestros Atilio Terragni, Julio Oliva, Renato Droghetti y Benjamín Nemirovsky. Su actividad fue muy reconocida por su calidad y calidez en la enseñanza del arte clásico.

 

Y desde el año 1938, por lo menos, vemos su nombre en la Comisión Provincial de Bellas Artes de Tucumán. Durante aquel periodo la actividad cultural de la provincia gozó de un impulso extraordinario con un Salón Anual de Artes Plásticas en el que de Prat Gay se lucirá como miembro del jurado de forma ininterrumpida entre 1938 y 1942.

 

En 1941 tuvo lugar un momento muy especial en su carrera al ganar el concurso provincial para diseñar un monumento que debía erigirse sobre la nueva ruta hacia los valles. La monumental obra, titulada «El Chasqui», fue inaugurada en 1943 en la zona de la quebrada de Los Sosa, a mitad de camino entre Acheral y Tafí del Valle. En la elección de un chasqui, el mensajero incaico, el artista estaba convencido de poder captar la esencia del mundo andino y aprovechar sus posibilidades expresivas. Su obra daba la bienvenida a los viajeros y los preparaba para adentrarse a una región profundamente vinculada al pasado indígena. El indio está representado en el momento de la llegada a su destino, extendiendo los brazos al detener su marcha al tiempo que confiere el grito con el que transmite su mensaje. Sintetiza aquí la propuesta estilística que venía desarrollando durante la última década.

 

Posiblemente corresponda a este período su cabeza de «Indio Aymara». Una cerámica de formas sintéticas y definidas. El rostro surge en gesto sereno. Esta pieza presenta una curiosidad notable: en su base, además del título de la obra y el nombre del artista, figura el del taller cerámico «ERCILIA» junto a la leyenda «Industria Argentina – Tucumán». Esta inscripción sugiere que la escultura no se habría tratado de una pieza única. Es posible que haya sido producida en serie con la pretensión de que tuviera una distribución más amplia que la habitual en el ámbito artístico local. Este aspecto, hasta ahora desconocido en la historiografía del arte tucumano, invita a reconsiderar la existencia de dinámicas específicas de producción y distribución de bienes culturales durante ese período.

 

El 10 de agosto de 1947, la muerte de Enrique de Prat Gay sorprendió a Tucumán. Con 48 años, el escultor dejó un vacío en la escena artística local, justo cuando su producción alcanzaba una madurez notable. Al día siguiente, según las crónicas de la prensa, una numerosa concurrencia se dio cita en el Cementerio del Oeste para despedirlo, un gesto que reflejaba el reconocimiento que gozaba en vida.

 

¿Qué sucedió desde su ausencia física?

 

Resulta complejo encontrar una explicación que satisfaga la intriga acerca del olvido de figuras destacadas de nuestro medio cultural. En el caso de Enrique de Prat Gay, nos referimos a un artista que, además de tener una producción abundante, alcanzó significativa presencia académica y social en su tiempo. Sin embargo, muchas de sus piezas se perdieron con los años, y la falta de documentación sistemática operó a favor de ese olvido progresivo.

 

Sus viajes, encargos internacionales y exploraciones en materialidades y temáticas americanistas enriquecieron su obra y contribuyeron a las discusiones de su época. Fue un artista comprometido con el estudio riguroso de la disciplina y con una genuina preocupación por comprender a aquellos que habitaron nuestra región en el pasado. Ocupó buena parte de sus esfuerzos en la búsqueda de un estilo propio que combinara armoniosamente el desarrollo artístico clásico con el que se había formado en Europa, al tiempo que reflejara de forma auténtica la realidad y la historia de su pueblo. Un hombre de su tiempo, sus preocupaciones en este sentido coincidían con las discusiones culturales que estaban dándose en nuestra provincia.

 

El redescubrimiento de piezas como «La sombra del pasado» y la cabeza de «Indio Aymara» reaviva lecturas y discusiones, y nos dejan pistas valiosas para seguir explorando la escena artística tucumana, sus dinámicas de producción y distribución, y el diálogo que se produce entre la formación académica y las creaciones que ponen el acento en las tradiciones locales.

 

Notas:

1] Juan Bautista Finocchiaro [1886-1961] nació en Sicilia, y es uno de los escultores de mayor repercusión en el medio local. Tuvo una producción prolífera y, a pesar de haber vivido sólo una década en Tucumán, tras su partida seguirá visitando la provincia para realizar diversos encargos. Muchas de sus obras visten edificios emblemáticos de la ciudad, como el tímpano de la Catedral, o las figuras del frente del Teatro Alberdi y las del Palacio de Tribunales.

2] No hemos encontrado referencias recientes a esta obra que puedan dar cuenta de su ubicación actual.

3] Intentamos averiguar acerca de esta persona a quien el texto original [un catálogo realizado por el propio artista] donde presume algunas de sus obras más significativas, lo señala como Augusto B. Brunel, pero hasta el momento no hemos encontrado referencias. Sin embargo, algunos registros mencionan vagamente a un diplomático llamado Carlos T. Brunel ocupando el cargo de cónsul en aquellos años.

4] Decreto del 2 de abril de 1927.

5] Esta obra se encuentra en la Escuela Bernardo de Irigoyen, en calle José Colombres 286.

6] Hoy puede verse en la esquina suroeste del parque inaugurado en 1929, en la intersección de la Av. Mate de Luna y la calle Asunción, frente al Monumento al Bicentenario.

7] La obra fue destinada a la sede central del Banco Municipal, fundado por Santillán. Tras la desaparición del banco, en este edificio pasó a funcionar el Concejo Deliberante de la ciudad.

8] Celia Terán, Enrique de Prat Gay, un escultor del Noroeste Argentino en la década del ’30. Academia Nacional de Historia, 1999, pág. 6.

9] De aquí tenemos el catálogo de 1929, evidentemente editado por el propio artista titulado Dernières œuvres du Sculpteur Henri de Prat-Gay. El mismo habría servido de presentación para quienes visitaban su taller. En la primera página reproduce un fragmento de una nota del diario francés «Le Gaulois», aunque no se aclara la fecha de esta. En su interior pueden verse algunas fotografías de sus obras y su taller. 

10] Inclusive, llama la atención un breve artículo en la revista uruguaya Cartel (Año II, N° VI, de mayo de 1930) donde también le dedican elogiosos términos. A juzgar por el texto de la nota, habrían tomado como referencia el artículo francés de Le Gaulois anteriormente mencionado.

11] Tomando el nombre del catálogo ya referido, no hemos encontrado coincidencias que nos permitan afirmar con precisión la verdadera identidad de la retratada.

12] Celia Terán, op. cit., pág. 8.

13] José Antonio Terry [1878-1954] se había instalado en Tilcara en 1922 movido por los mismos intereses que de Prat Gay, el de retratar el universo indígena y sus distintos tipos. Forma parte de un grupo de artistas que en su búsqueda por una identidad nacional ponía la mirada hacia el mundo andino y alejándola de la capital.

14] La obra fue un regalo del artista a Guillermina Idígoras, hija de su padrino, con motivo de su matrimonio en 1932. Actualmente permanece en la misma familia.

15] Una de las piezas es un retrato en relieve. Aunque no queda del todo claro su origen, se supone que fue realizada tras la muerte de Lillo. Estuvo expuesta en el Laboratorio de Química Orgánica de la UNT, donde él dictaba sus clases. Luego, fue donada al Museo Histórico Dr. Miguel Lillo, creado en 2017. La otra, se trató de un encargo de la provincia en 1935 para homenajear la memoria del ilustre científico fallecido en 1931 con un busto destinado a una nueva escuela que lleva su nombre, ubicada en la calle España 1755. La obra está realizada en cemento, aunque a simple vista no hay dudas que se trata de la mano de Enrique de Prat Gay, hay indicios en la pieza que podrían dar a pensar que la original fue realizada en bronce y que la que se encuentra emplazada en el lugar sería una copia en cemento.

16] Aunque en ningún texto hemos encontrado menciones a esta obra, una fotografía de archivo del diario La Gaceta utilizada para ilustrar una nota [Páez de la Torre, «La atroz muerte del doctor Laprida», del 19 de julio de 2015] muestra una importante pieza, realizada posiblemente en cemento, donde se lee la firma del autor y la fecha de ejecución.


Bibliografía consultada:

Ale, M. C. [2016]. «Pervivencia de la cultura clásica en Tucumán durante el período 1910-1930», en Revista Limes de Estudios Clásicos, N° 27.

--- [2017]. «Notas sobre el arte clásico: la representación del desnudo y el ambiente cultural [1910-1930]», en Historia y Cultura, N° 2 [marzo de 2017].

Dernières œuvres du Sculpteur Henri de Prat-Gay [1929]. Catálogo editado por el artista en París, Francia.

Páez de la Torre, C. [1993, 11 de marzo]. «Pionero de la docencia comercial», en La Tarde.

--- [2008, 16 de julio]. «El Monumento al indio», en La Gaceta.

--- [2013, 5 de septiembre]. «A beneficio de Lola Mora», en La Gaceta.

--- [2015, 8 de diciembre]. «Del arte y el esfuerzo», en La Gaceta.

Terán, C. [1999]. Enrique de Prat Gay, un escultor del Noroeste Argentino en la década del ’30. Academia Nacional de Historia.

 * Especial para Hilario. Artes Letras Oficios


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