Bufanda de vicuña. Catamarca. Circa 2010.
Bella bufanda de vicuña, tejida en telar criollo, con rapacejo y flecos estructurales.
Medidas. Largo: 154 cm. Ancho: 32,5 cm. Rapacejo y flecos: 14 cm. Peso: 100 gr.
De muy buena factura, una prenda que distingue a su propietario desde los tiempos más lejanos, siempre consideradas de excelencia, tanto es así que los pueblos incaicos empleaban sus más notables tejedoras, llamadas “cumbi”, para que confeccionaran estas prendas, las que sólo eran utilizadas por los grupos sociales más jerarquizados. Y lo mismo aconteció en tiempos virreinales, pero con la demanda ya al otro lado del Atlántico. A fines del siglo XVIII, la “lana de vicuña” era exportada en altos volúmenes, al punto que “El comercio de lana de vicuña procedente de los Andes del sur andinos influyó decididamente en la dinamización y el desarrollo del sector textil europeo y español” (1). Por tomar un dato, entre 1783 y 1785 se enviaron desde Salta a Buenos Aires para su exportación, unos 225 sacos de lana de vicuña ruta (con un peso promedio por saco de 75 a 77 kg), algo más de diecisiete toneladas… Y esta bufanda pesa solo 100 gramos.
Aquellas exportaciones, se comprende, no tenían valor agregado, pero ya en el siglo XIX la producción de prendas elaboradas en los telares llegados desde el Viejo Mundo permitió atender un importante consumo local. Dichas prendas fueron elaboradas en telares de pedal provenientes de la Península Ibérica, los que eran diestramente utilizados por las manos laboriosas de las criollas radicadas en las provincias de San Juan, Catamarca, La Rioja, Salta y Jujuy.
Pero, lo hemos expresado con anterioridad, extinguidas las poblaciones incaicas que lograban esquilar sus vicuñas para obtener la materia prima necesaria, con la irrupción de los españoles dicha provisión sólo fue posible mediante la muerte del animal, y para tejer las prendas más finas se requería acudir a cuatro ejemplares por un poncho, o una manta de generoso tamaño. Y además, estaba el consumo de exportación. Tan intensa fue la presión ejercida sobre los planteles de estos camélidos que se puso en riesgo su supervivencia. Hasta que, desde finales del siglo XX se han aplicado nuevas técnicas de crianza, y preservadas en semi cautividad, hoy son esquiladas para obtener el pelo que habrá de hilarse en manos criollas con destino de ponchos, mantas y chalinas. Esta mejora en su manejo facilitó la recuperación de la especie, y se acabó la matanza de ejemplares, siempre prohibida por ley, incluso por no resultar rentable.
Nota:
1. Marcelo Gabriel Anachuri: Mercados transoceánicos del Tucumán virreinal: el comercio de lana de vicuña desde Salta en el Siglo XVIII. En Historia Regional, Villa Constitución, Año XXXV, N° 47, julio-diciembre 2022.
| LOTE | 93 |
|---|---|
| PRECIO BASE | U$S 380 |
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