Camisa de caraguatá.
Arte indígena. Chaco argentino. Primera mitad del siglo XX.
Tesoro etnográfico. Tejida en fibra de caraguatá -también llamado chaguar, “aprovechada por la mayor parte de los pueblos chaqueños, que la utilizaron para tejer bolsos, camisetas, corazas, hamacas y otras prendas”, afirma Carlos Mordo (1), quien acude a los textos de los misioneros jesuitas que expresaban el uso anterior de las pieles entre las mujeres indígenas, siendo que “las más principales se cubren con tejidos de hierba correosa más gruesos que pita, que en esta provincia llaman cháhuar (...) de ella hacen un hilo semejante al de los zapateros y texen sus vestidos”. (2)
Medidas. Alto: 63 cm. Ancho: 57 cm.
Estos pueblos pasaron de la técnica de la cestería hacia el arte textil -el tejido en red- en menos de un siglo. Y aún a mediados del siglo XX, Enrique Palavecino observaba que en muchas comunidades seguían vigentes las gruesas camisetas de caraguatá (conocidas como “panza de iguana”), que se utilizaban para proteger el cuerpo de las plantas espinosas del monte. (3) Y el Museo Etnográfico de Juan B. Ambrosetti, de Buenos Aires, conserva algunos ejemplos de principios del siglo XX.
Los diseños, retomamos el ensayo de Carlos Mordo, acudían a procesos de síntesis expresiva para crear aspectos esenciales y reconocibles de accidentes geográficos o animales. “El lomo del armadillo, la piel de la yarará, semillas de chañar, ojos de tigre, frutos de tuna o escamas de peces eran reproducidos e interpretados en las fibras vegetales (...)”.
Aquellas técnicas devenidas de la cestería hoy se han convertido en auténticas obras de arte contemporáneo, conquistando públicos diversos, como aconteció con la obra de Claudia Alarcón & Silät, un colectivo de tejedoras de las comunidades wichí del Chaco salteño, exhibida en la última Bienal de Venecia, y en Malba Puertos, aquí junto a la obra de Gabriel Chaile. Y no es el único ejemplo, la galería Herlitzka & Co ha presentado “tejidos neo ancestrales” en ARCO, obras del colectivo Tusfwelej -voz wichí- integrado por Fidela Flores -tejedora de aquella comunidad-, Candelaria Aaset y Martín Churba.
Con esta revitalización contemporánea que también ha llegado a la moda, sorprende hoy dar con una antigua vestimenta, la que se conservó en una destacada colección particular que supo reunir con un gusto ecléctico, obras de arte indígena, arte popular, y arte moderno y contemporáneo.
Nota:
1. Carlos Mordo, La herencia olvidada. Arte indígena de la Argentina, Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes, 2001, pp. 120-123.
2. Pedro Lozano, en 1733, citado por C. Mordo: op. cit. (2001)
3. Enrique Palavecino, citado por Branislava Susnik en “Artesanía Indígena, ensayo analítico”. Asociación Indígena del Paraguay, 1986.
| LOTE | 88 |
|---|---|
| PRECIO BASE | U$S 200 |
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