Chalina de vicuña.
Comunidad kolla de Abra Pampa. Prov. de Jujuy. Finales del s. XIX o ppios del XX.
Pieza realizada en telar de cintura, con técnica de faz de urdimbre, con el denominado punto de sarga, reservado a los textiles de alta calidad; aquí con trama y urdimbre de fibra de dorso de vicuña, de hilado manual con huso, respetando en un todo la tradición del altiplano, tanto en la actual Bolivia como en las provincias del Noroeste argentino.
Tres factores esenciales aportan a esta impronta textil: la identidad étnica, la difusión de los saberes ancestrales a lo largo del corredor andino y –finalmente- el hecho de que hasta 1824 ese altiplano, hoy boliviano, pertenecía a las Provincias Unidas del Río de La Plata.
Medidas. Largo: 140 cm. Ancho: 50 cm en el centro, y 45 cm en los extremos. Peso: 215 gr.
La concepción de esta prenda guarda estricta correlación cronológica con la época en que fue tejida -hace poco menos de un siglo y medio, estimamos-: tejido llano con punto de sarga, rematado en sus bordes con un muy elaborado rapacejo de diseño floral que culmina en flecos estructurales retorcidos.
Esa impronta criolla bien la explica Mercedes Puló de Ortiz: Los españoles no tardaron mucho tiempo en descubrir la calidad de las fibras del ganado “salqa” (sic), pronto las prefirieron para sus vestidos y descubrieron en las prendas textiles confeccionadas con estas exóticas fibras un gran potencial comercial, intuyendo que las mismas llegarían a competir con las sedas. Los motivos señalados fueron los que condujeron a que los “chakus” se realizaran sin medida y de manera desacralizada por lo que se abandonó la costumbre de la esquila de los animales vivos, sustituyéndose por la muerte indiscriminada de machos, hembras y crías; causas éstas que produjeron una disminución creciente de las poblaciones de camélidos silvestres entre los siglos XVII, XVIII y XIX. (1)
Análoga a la calidad que el tiempo otorga a los buenos vinos de guarda, esta vieja prenda acuna en el abatanado de su tela una calidez tan agradable al tacto, fruto del paso de largos años de buen uso. Cualidad que –precisamente- el discurrir del tiempo les otorga, inhallable en prendas más jóvenes.
Lo que el tiempo obró en esta chalina era uno de los pasos obligados en todo obraje jesuítico para los tejidos de lana; lo pasaban por el batán, una máquina de acción manual consistente en mazos que apaleaban a fin de suavizarlos; se trataba del “abatanado”, cuyo destino era “enfurtir” (2) la tela resultante, más suave, más cálida y con mayor impermeabilización.
Notas:
1. Mercedes Puló de OrtIz: La vicuña: el oro que camina por los Andes. En Rev. Andes. Antropología e Historia, Núm. 9. CEPHIA. Salta. 1998. Pág. 248.
2. Enfurtir: Dar en el batán a los paños y otros tejidos de lana el cuerpo correspondiente. Diccionario de la RAE (2001).
| LOTE | 95 |
|---|---|
| PRECIO BASE | U$S 380 |
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