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Faja Quechua de Kallawaya.

Charazani. Departamento La Paz. Bolivia. Primeras décadas del s. XX.

 

Esta faja ceremonial ha sido tejida en telar de suelo o de estacas, con fibra de alpaca de alta montaña hilada manualmente con huso. Para la tinción del hilo carmín se acudió a la grana de cochinilla, en tanto que los verdes y amarillos de las guardas laterales fueron obtenidos con colorantes vegetales. Su técnica, urdimbre complementaria tubular, es análoga a la de las fajas del Sur, las denominadas “pampas”.

 

Medidas. Largo: 180 cm. Ancho: 8,5 cm.


Los ñawi (ojos), irradiando rayos son la representación del inti (el Sol), también se encuentran presentes en los tejidos del Perú, bajo la denominación de qocha (el lago) en la zona de Huancavélica, por lo que su inclusión en el espacio ornamental, compartiéndolo con las figuras tradicionales de Charazani como aves, camélidos y caballos, además de los espacios ocupados por las secuencias características de ganchos entrelazados, denotan su pertenencia a algún atuendo ceremonial, aludiendo al origen de la vida, atribuido míticamente al nacimiento de Manco Capac y Mama Ocllo que emergieron de las profundidades del lago Titicaca. (1)

 

Los kallawaya han ocupado un lugar preponderante en la corte del Tahuantinsuyo; han sido los sacerdotes-médicos del incario. A ellos se les confería el honor de portar el palanquín del Inca y eran quienes atendían su salud, pero –tal como consignan las crónicas de su época- no era con invocaciones ni supuestos poderes supraterrenales que ejercían su medicina, sino con una relevante variedad de plantas medicinales, cuidadosamente clasificadas según sus efectos. Valga como ejemplo, la quinina, extraída de la quina, tan útil para el tratamiento de la malaria. Y el desarrollo de la cocaína, a partir de la coca. (2)

 

Actualmente, los ‘médicos’ kallawaya son fácilmente reconocibles. Se los puede ver en las inmediaciones del templo de San Francisco, en el centro de la ciudad de La Paz, sentados en banquetas bajas, vestidos de traje, corbata y sombrero, apoyado en su regazo el símbolo de su jerarquía y linaje kallawaya, una huayaca o huallaque, una bolsa más grande que la chuspa, de uso masculino, tejida con los mismos colores y símbolos ornamentales que hallamos en esta excepcional pieza.

 

La pieza muestra una asombrosa conservación de los colores y de su estructura, con algunos deterioros menores y reparaciones, ocasionados por más de un siglo de uso en múltiples acontecimientos religiosos y festivos. A la distancia resta deleitarnos con este gran testimonio de los tejidos andinos que lucen hasta en los detalles: apreciemos por ejemplo la culminación de la prenda en trenzas chatas bicolores unidas por costura invisible, de cuyo extremo emerge la delgada cinta destinada al amarrado.

 

Notas:

1. Teresa Gisbert, Silvia Arce, Martha Cajías: Textiles en los Andes bolivianos. Ed. Agencia Boliviana de Fotos / Fundación Cultural Quipus, 2003, p. 213.

2. Joseph W. Bastien: Pharmacopeia of Qollahuaya Andeans. En “Journal of Ethnopharmacology”, Vol. 8, 1983, pp. 97-111.


LOTE 90
PRECIO BASE U$S 250

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